jueves, 30 de mayo de 2013

KRAMER PIENSA

Kramer piensa.
Desde su silloncito bajo la pérgola Kramer piensa.
Kramer piensa.
Kramer divaga, dileta. Kramer meditaría si fuera zen. Rezaría si fuera creyente. Analizaría si fuera cientista social.
Pero no.
Kramer no es nada de eso.
Kramer es solamente un señor leido, con sobrepeso y una tendencia feroz al sedentarismo que está sentado en su silloncito bajo la pérgola mirando al noreste, a noventa grados de Rantés.
Y en su silloncito piensa.
Piensa en silencio.
Antes dialogaba, pero sus hijos empezaron a tomarlo para la joda y dejó de hacerlo.
Piensa en calma.
Antes gesticulaba, pero su compañera lo detectaba e interrumpía sus elucubraciones para mandarlo a comprar pan, ravioles, crema y salsa pero esta vez sin pescetto.
Definitivamente, el silencio y la quietud favorecen al intelecto del hombre austero.

Y allí, en la austeridad absoluta de su silloncito bajo la pérgola, mirando al noreste, Kramer piensa.

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