sábado, 2 de septiembre de 2017

Ustedes y Nosotros

Somos diferentes hasta en la complejidad de nuestros reclamos.

Ustedes querían que se fuera un gobierno por cinco puntos de retenciones.
Ustedes quieren que se encuentre al asesino de un suicida.
Ustedes querían comprar dólares. 
Ustedes quieren matar a los negros pobres homosexuales artesanos hippies comunistas peronistas zurdos montoneros choripaneros planeros empleados públicos maestros que quieran enseñar gente con aerosoles por el solo hecho de serlo.
Ustedes quieren ser los únicos dueños de la verdad.
Ustedes quieren que mande el sentido común.

Nosotros queremos que aparezca Santiago Maldonado

viernes, 1 de septiembre de 2017

Marchamos

Hoy, 1 de septiembre de 2017, se marcha.
En todo el país, se marcha.
En todas las plazas de todas las ciudades se marcha.
Se marcha con velas.
Se marcha en silencio.
Se marcha cantando.
Se marcha pidiendo por la aparición con vida de Santiago Maldonado.
Se marcha porque hay alguien que no está porque el Estado así lo quiso.
Cuando ya pensábos que soaente marcharíamos para recordar otra vez marchamos por que otra vez.
Y marchamos en defensa propia.
Marchamos porque otra vez algo habrá hecho.
Marchamos porque hay vidas que valen y vidas que no.
Marchamos porque hay cuerpos que importan y cuerpos que no.
Marchamos porque ahora la delación empieza en 0800.
Marchamos porque quieren callarnos.
Marchamos porque nuestros muertos exigen que marchemos.



miércoles, 30 de agosto de 2017

No quiero política en las escuelas

No quiero política en las escuelas.
Entonces no querés que se enseñe Historia, porque cualquier forma de enseñar la Historia implica una toma de posición. La neutralidad es eso también, una toma de posición. Un docente neutral diría que en Alemania hubo un señor que se llamó Adolf Hitler que comandó un régimen nacionalista, que ocupó toda Europa central y que habría matado a varios miles de judíos, gitanos, homosexuales y demás. Un docente neutral no tendría el archivo con los seis millones de nombres. O con los millones que masacró el Stalinismo. O el Franquismo, o el cristianismo español. No hay un número cierto de esclavos traídos a América. Eliminemos entonces la Historia de las escuelas, porque no hay manera neutral de enseñarla.
No quiero política en las escuelas.
Entonces no querés que se enseñe Geografía, porque tendrías que decir que hay un país que ocupa un territorio en nuestro territorio, pero como ellos dicen que es suyo, y nosotros decimos que es nuestro, y no hay ningun certificado de propiedad no podés decir nada al respecto.
No quiero política en las escuelas.
Entonces eliminemos la Educación Física, que se basa en enseñar, a través del deporte, cuáles son los beneficios de una vida sana. Si algo es mejor, no es neutral. Si se separa por sexos tampoco lo es. Si enseña a trabajar en equipo tampoco lo es.
No quiero política en las escuelas.
Eliminemos las matemáticas. LA suma de los opuestos da un solo resultado: 0. La neutralidad no necesita, entonces, matemáticas.
No quiero política en las escuelas.
Entonces eliminemos las artes, y la literatura, que enseñan el disfrute de la belleza, como autor o como espectador. Lo bello y lo feo no son neutrales.
No quiero política en las escuelas.
Al elegir el lugar en el que vas a educar a tus hijos estás definiendo que educación darles, según tus intereses y tus posibilidades económicas. Segú tu credo. Según el valor que le das al conocimiento. La neutralidad no admite estas elecciones.
Eliminemos, entonces, las escuelas.

jueves, 7 de julio de 2016

Como José

Hoy quiero ser como José, cuando decide que lo real es solamente lo que sale del lápiz que tiene en su mano derecha, y resolver en un trazo que el tiempo no es más que una fantasía de un viejo alemán con los pelos parados que nunca existió, porque es un dibujo de José.
Hoy quiero vivir en la fantasía de que solamente hayan sido los momentos que yo quiero que hayan sido. Los nacimientos, los mares, los ríos, las noches. Mi vieja enseñándome a leer, mi viejo contando una historia, la complicidad con  mi hermano. La Tata sacando un sabor de sus manos sabias. La tarde de 1989 en que supe quién iba a ser. El día de la última materia, el abrazo interminable con los otros abrazos y un diciembre eterno de 1995.
La primera cabeza asomando, el primer cuchillo hendiendo la primera piel. La primera noche heroica, la primera noche de sudor. Tu cara bajando del tren, una noche fría cerca del río. Juan entregando tu mano un mediodía de locro y humitas en una feria remota. Cada batalla que nos puso en este lado del mundo. Naza enroscado en su cordón. Naza enroscado en sus dudas. José y su llegada en una tarde de furia y sangre. José en su furia de artista. Juan en sus noches eternas. Juan en su regreso de plenitud a su andar.
Hoy quiero acordarme de los sabores, de los olores, de los tactos, de las canciones. De la textura del maíz, del espesor del trigo, de la harina sobre todo. De la papa y la masa y la carne y las frutas.
Hoy quiero acordarme de una ciudad al frente de otro país, de una infancia con río y caballos.

Hoy quiero ser como José, y dibujar el mundo como yo quiero que sea. 

viernes, 15 de enero de 2016

LA PACIENCIA SE ACABÓ

Vivimos en un sistema democrático en el cual podemos, cada dos años y mediante el voto, modificar la realidad política de nuestro país. Tuvimos que pagar una alto precio para llegar hasta acá, muchos quedaron en la memoria, mucha sangre se derramó, para usar una frase que ya es de todos.
Vivimos en un sistema democrático en el cual, de a poco y por las piedras, pudimos ver cómo gracias a la lucha de muchos, se fueron consagrando derechos fundamentales para las mayorías y, especialmente, para las minorías. Un camino que se inició hace ya treinta años con la sanción de la Ley de Divorcio, que pasó por los Derechos de los Niños y los Adolescentes para llegar finalmente, en estos últimos 13 años a la sanción de leyes que igualan derechos fundamentales para quienes estaban excluídos del sistema por ser pobres, por ser mujeres, por vivir su sexualidad de la forma que ellos y ellas hubieran elegido. Fue en este marco de consagración de derechos que se crearon los Programas de Salud Sexual y Reproductiva y de Educación Sexual Integral, los cuales estaban dirigidos a garantizar la Salud Sexual de aquellos más vulnerables, de aquellos que no tenían acceso a los métodos anticonceptivos o a la educación sexual o a la atención de sus intereses al respecto. Alguien dijo alguna vez que la salud no es para los secos. Estas leyes y estos programas venían a refutar esta afirmación con claridad, simpleza y hasta poesía. Basta con leer el texto, de una tremenda claridad conceptual y que no deja resquicios para interpretaciones torcidas o controversiales. La ley que permitía el acceso gratuito y universal a la Ligadura de Trompas/Vasectomía completó este cuadro. Cada uno de nosotros tenía la capacidad legal de decidir acerca de su vida sexual y reproductiva, capacidad garantizada por el Estado desde la educación primaria ya que no sólo de anticonceptivos venía la cuestión.
Hasta ahora.
Hace pocos días se publicó en el Boletín Oficial de la Nación un decreto rubricado por el Gerente General de la República, Ingeniero Mauricio Macri, en el cual se define la estructura del Ministerio de Salud de la Nación. En dicho decreto no se menciona al Programa de Salud Sexual y Reproductiva. No se lo nombra. No se habla de él. Se lo deroga por simple omisión lo cual representa toda una definición ideológica. Se condena a millones de personas a no recibir educación sexual, se bloquea el acceso a los métodos anticonceptivos, se castiga la sexualidad de los más pobres. Se interviene sobre los cuerpos de los más vulnerables de la peor manera posible: eliminando su autonomía, aniquilando su capacidad de decisión. En un país en el que algunos de los problemas a resolver en cuanto a Salud Sexual incluyen el embarazo adolescente, la mortalidad por complicaciones de abortos clandestinos y las enfermedades de transmisión sexual el Directorio a cargo del país nos deja sin herramientas, enfrentando a tanques de guerra con palos de escoba.
Este tipo de decisiones definen qué tipo de gobierno tenemos, por más que el CEO Macri diga que vino a desideologizar la región. Para quienes pregonan la política zen, para quienes sugerían esperar para ver qué pasaba llegan estos momentos, estas determinaciones. Acá no hay posibles ñoquis ni números a los que hacer decir lo que uno quiere. Acá no hay interpretaciones posibles. Acá una invasión brutal a la autonomía de las personas, al respeto de su capacidad para decidir sobre su vida, sobre su cuerpo, sobre su goce. Si los ideólogos de esto son tipos siniestros y retrógrados como Abel Albino, eso no lo podemos asegurar, pero todo hace pensar que así podría ser.
Quienes persistan en su defensa de esta administración (en el sentido estrictamente consorcial del término) me encontrarán siempre en la vereda opuesta, cada vez con mayor convicción.

Frente a estas realidades no hay neutralidades posibles.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

TAPITAS

Decir que vivimos tiempos decisivos es una redundancia no solamente si pensamos en nuestro país. En este mundo postglobalizado cada día es histórico, cada día nos plantea una disyuntiva. Cada día puede marcar el inicio de una nueva era. En el caso puntual de la Argentina, uno de esos días definitivos será, sin dudas, el 22 de noviembre.
Ese día será histórico por varias cuestiones: será la primera vez que se llevará a cabo una segunda vuelta para elegir presidente y es la primera vez que la derecha neoliberal puede llegar al poder limpiamente, en elecciones libres y sin distorsionar sus intenciones. Macri es lo que Menem hizo, pero el riojano llegó al gobierno con un discurso peronista que luego contradijo en todas sus variantes. El ingeniero intenta ahora, por una cuestión electoral, suavizar algunos de sus conceptos más duros, pero nadie que sea capaz de realizar un análisis más o menos completo de su trayectoria como empresario, dirigente de fútbol o alcalde puede dudar acerca de cuál será la orientación que tendrá su gestión. Por otro lado, Daniel Scioli llega a esta contienda de la mano de los doce años kirchneristas a nivel nacional, con ocho años de gestión propia en el principal distrito electoral del país, con un  perfil más nacional y popular. Basándonos en sus antecedentes también podremos avizorar qué tipo de presidencia vendrá si es él quien sume más porotos el domingo.
Cada voto que se emita el domingo vale lo mismo: uno. Un punto, un poroto, una raya en la pared. Ni más ni menos, y esto es lo más importante de la democracia. Poco hay más trascendente en la vida de una persona que la posibilidad de elegir quién gobernará. Una decisión que tendría que tener un nivel de trascendencia equivalente a la elección de la religión o de la orientación sexual, pero en diferentes planos. En lo personal, estos dos caminos pueden ser más o menos relevantes, pero en cuanto sociedad las leyes están por encima de las opciones personales y de tal manera deberíamos pensar el voto. Digo yo, pero la otra manera de interpretar la cuestión también es válida.
Y así llegamos al nudo del problema.
Desde dónde nos expresamos, en qué punto nos paramos al momento de elegir a nuestros representantes, qué nos motiva en esta circunstancia. Las elecciones marcan la actitud política de cada individuo frente a la realidad que le toca vivir. Y no existe la neutralidad. Incluso cuando alguien decide no concurrir al acto electoral está marcando una toma de posición. Y toda toma de posición es válida siempre que sea honesta. No existen votos correctos o incorrectos, útiles o inútiles, mejores o peores. Y la motivación de cada quién es absolutamente personal e intransferible. Y cada uno de nosotros vota por una motivación personal o por un interés personal. Nadie vive guacho de contexto. Tiene el mismo valor que alguien decida por el candidato que le aumentará el valor del dólar, lo cual resultará beneficioso para su negocio, o quien necesite la Asignación Universal por Hijo o quien lo hace por un concepto comunitario. Habrá también quién vote por repugnancia a quien gobierna, más allá de las propuestas del que se encuentra en frente.
Personalmente creo que, en esta oportunidad, se juegan dos conceptos con respecto a la sociedad en la que queremos vivir: el individualista y el comunitario.
Quienes voten desde lo individual elegirán un gobierno que privilegie sus intereses económicos y sociales, sus hábitos de consumo y su estándar personal sin meditar acerca de la manera en la que las políticas que se adopten pudieran afectar a aquellos que no cuenten con una base de sustentación que les permita sostenerse. Quienes tengan la opción de elegir entre la salud y la educación privadas y cuyos trabajos no dependan directamente del control estatal seguramente elegirán este camino. Quienes consideren que sus logros se han dado por fuera del contexto político del país también, así como quienes piensen que la excelencia es una cuestión permitida solamente a quienes se lo puedan pagar.
A la sombra de la otra pared se encuentran quienes piensan que lo comunitario es primordial, quienes piensan que el acceso a la salud y a la educación debería ser universal, quienes están dispuestos a perder algunos privilegios si esto será beneficioso para los más vulnerables.
La diferencia fundamental está dada por la manera en la que vemos al otro.
Podemos pensar en el otro como un igual que no ha tenido las mismas oportunidades de crecimiento personal, desde la educación primaria hasta la Universidad. Podemos pensar en el otro como sujeto de solidaridad y no como receptor de caridad. Cuando damos una tapita de plástico para ayudar a un Hospital como el Garrahan, desfinanciado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires estamos legitimando esa actitud de abandono por parte de quien debería sostener el sistema de salud, pero no solamente eso. Cuando nos quedamos en dar la tapita en realidad estamos dando el último residuo de nuestro consumo, la tapa de un envase que no se volverá a utilizar. Sin dudas que ese gesto ayuda, pero muchas veces se queda corto. Entre las tapitas y el barro hay un trecho importante, y nadie tiene la obligación de ensuciarse si no quiere. Pero nadie tiene el derecho de atacar a quienes lo hacen por su identificación partidaria. Queda en cada uno plantearse qué responsabilidad tiene para con su comunidad, y si decide o no asumirla. Pero esa es una cuestión para comentar en otro momento.

Nadie está obligado a interesarse por el otro en cuanto ser humano sujeto de derechos. Simplemente hay que hacerse cargo de las posturas que asumimos.

lunes, 15 de junio de 2015

EL SÍNDROME DE GRAHAM

-Dios es una farsa.-
El concepto es contundente no tanto por su contenido como por su emisor. Monseñor Cattáneo es corpulento, grueso, su humanidad toda irradia poder y autoridad. Ocupa por completo el sillón del paciente, del otro lado de mi escritorio. A pedido del Arzobispado la entrevista se lleva a cabo bajo el más estricto secreto.
-Usted comprenderá lo fundamental de mantener la discreción.-
-Por supuesto Padre Minervino, nadie sabrá que a su jefe le anda fallando algo.-
-No se haga el gracioso licenciado, con la salud de los grandes no se jode.-
El diálogo con el secretario del Obispo me deja cierto regusto a deja vu, a película de Nanni Moretti sobre los temores de un Papa recién elegido. No digo nada, la Iglesia no suele caracterizarse por su sentido del humor. El secreto es tan absoluto que me piden que retire los diplomas de las paredes de mi consultorio. Es la primera vez que estamos frente a frente. Yo lo conozco por los diarios, para él soy un psicólogo con excelentes referencias sin una identidad definida. Monseñor prefiere entrevistarse con la Psicología. Cualquier interacción humana implicaría un compromiso que no está dispuesto a asumir.
-¿Está seguro Monseñor?-
-Absolutamente, no hay manera que alguien con las características del Dios que hemos conocido durante tantos  milenios permita que un tipo como yo pueda acceder alguna vez a ser su representante inmediato en la Tierra. No puede ser Doctor…
-Licenciado.-
-Lo que sea.- contesta con desprecio no tanto por la interrupción como por el hecho de que solamente un doctor podría atenderlo. Cualquier otra posibilidad alteraría el orden natural.- Un Dios bondadoso no condice con la Historia de la Santa Madre Iglesia. Ni siquiera con ciertas partes de las Sagradas Escrituras. Hay capítulos enteros que solamente podrían haber sido escritos por un alucinado o por un demente.-
-Algo de eso hay, se dice que la Biblia fue dictada por Dios a los hombres.-
El Obispo no parece prestar atención a mis comentarios. Está totalmente abstraído en su propio discurso.
-La Biblia no fue escrita por “los hombres”. La Biblia fue escrita por ciertos Hombres Superiores. La historia fue escrita por los Mejores, doctor, porque para eso están. Y son ellos los que cargan con esa responsabilidad.-
Quiero interrumpirlo para preguntarle si Dios ha muerto, para seguir con la línea nietzcheana, pero algo en su mirada me detiene. No intento tampoco meter a Kipling en la conversación. La responsabilidad del hombre blanco.
-Le voy a contar una historia.- dice Monseñor.-Yo de chiquito no quería ser cura, quería ser rugbier. Puma. Empecé de muy pibe en las inferiores del San Isidro Club (en realidad dice SIC, como corresponde). Siempre fui robusto, así que a los ocho años me pusieron de segunda línea. Un segunda línea poderoso, no sé si me entiende doctor.-
No lo corrijo.
-A los quince me invitaron a entrenar con la selección. Mi sueño al alcance de la mano solamente por la potencia física, por el poder que la naturaleza me había dado. O Dios.
-Dios no existe Monseñor.
-Dios es una farsa doctor, pero existe. Tal vez sea más correcto decir que Dios es un farsante. La gran revelación llegó el día de mi primer partido oficial contra Uruguay, después de un choque que me dejó inconsciente. Cuando me recuperé dejé todo y entré al seminario. Dios tiene maneras extravagantes de demostrar su poder, o eso creí en esa ocasión. Mientras estuve desvanecido tuve lo que podríamos llamar una epifanía, el Señor me llamaba a sus filas porque estaba buscando a los mejores para salvar su Reino.
-Buscaba a los poderosos.-
-A los mejores. No es lo mismo. El poder a veces es asaltado por advenedizos, tipos rastreros y astutos, gente pecaminosa y soberbia que nos ataca para después esconderse otra vez en su madriguera. No se confunda doctor.-
-Licenciado.-
Monseñor no registra mi comentario.
-En el Seminario había un tipo así, rastrero.- Los sinónimos no parecen ser el fuerte del Obispo.- Un tal Bergero, Bernarte, no me acuerdo bien el apellido. No importa. Este sujeto era poderoso a su manera. No tenía capacidad de liderazgo, no era fuerte físicamente, no era un tipo carismático. Flaquito, de lentes.-
Mientras me saco los anteojos para limpiarlos miro a Monseñor que duda un instante. Sigue con la historia.
-Este tipo era poderoso.- El concepto lo domina.- Tenía la capacidad de someter al otro con la palabra, no sé si me entiende.-
-Lo entiendo.-
-Este sujeto tenía la formidable capacidad de detectar puntos débiles y explotarlos en su propio beneficio o para torturar a los demás.
-¿Los golpeaba?
-No le hacía falta. Tenía una gran capacidad dialéctica. Empezaba con un concepto abstracto, real o no, y llevaba el discurso de una manera sutil y feroz. No paraba hasta quebrar emocionalmente al contrincante. Hizo llorar a casi todos sus compañeros por el sólo placer de demostrar su poder. Hasta que tronó el escarmiento.
Se me ocurren otras referencias, cinco por uno, la juventud maravillosa, los imberbes, peronistas somos todos. En cambio pregunto.
-¿Lo denunciaron?
-No hacía falta, todos lo conocían. Algunos profesores inclusive lo apañaban. No. Le demostré quién era el mejor. Y por qué.
-¿Cómo se lo demostró? ¿Físicamente? ¿Sexualmente?
-No importa, cuando uno es mejor que otro cualquier método es lícito para dejar en claro la diferencia. El tipo aprendió, parece. Abandonó el Camino del Señor. Nunca más supe de él. Cuando tomé los votos me asignaron al Vicariato Castrense. Desde ahí todo fue crecimiento y progreso doctor. No creo necesario ni pertinente contarle a usted cada paso en mi carrera.
Me cuesta identificar la vida sacerdotal con el concepto de carrera. Monseñor sigue hablando doctoral, severo.
-La carrera de un hombre público no siempre es cristalina, doctor. Muchas veces debemos recurrir a conductas que  no deben hacerse públicas. A lo largo de mi vida he mentido, he traicionado, he sido cómplice en hechos aberrantes. Oculté asesinos, apañé a genocidas. Fui el soporte espiritual de gente muy poderosa. Pero bueno, los mejores debemos actuar como convenga a la situación. Ahora he sido nombrado Cardenal. El Cardenal más joven del orbe doctor. Y aquí viene mi pregunta. Si Dios nos ha hecho mejores por qué tenemos que actuar como actuamos para llegar a ocupar los lugares que nos han sido destinados naturalmente. Solamente un Dios farsante, un  Dios cínico permitiría tal cosa doctor. No sé si me explico.
-Se explica perfectamente Monseñor.- Me acomodo otra vez los anteojos, tomo aire.-El poder se construye pero la grandeza se hereda. O se adquiere, a veces de manera legítima, a veces por medios por lo menos discutibles. Hay, sin embargo, una tercera variante en la cual la grandeza no existe sino que se supone. O se cree. Este tipo de cuadro, forzosamente patológico, no es nuevo. Ya se lo encuentra descrito en las tablas babilónicas. Graham, un inglés que investigó el Código de Hammurabi dice que ya el Gran Rey hablaba de esto, de la “Grandeza Seudociésica”, haciendo una analogía con el falso embarazo.- Hago un silencio efectista.- No fue el único, pero fue el primero que habló del tema, por eso el cuadro se conoce como Síndrome de Graham.
Monseñor parece no entender, intenta decir algo. No lo dejo.
-En realidad después se comprobó que existen diferentes variedades del Síndrome según cuál sea el origen, o la etiología del mismo. Así, hay una variedad congénita que tendría que ver con la exposición por parte de la madre a tóxicos ambientales. Una segunda tendría que ver con ciertos virus que afectan al sistema nervioso central, típicos de Europa Central. Se cree que el caso más clásico de esta variante sería el de Adolf Hitler, bastante trágico por cierto. Una tercera variante es la que se conoce como psicopática o seudomística, que a su vez se puede producir de dos maneras: como psicosis propiamente dicha, y de estos tenemos lleno el santoral católico, y la postraumática.- Monseñor crispa las manos, aparece el odio en su mirada.- En esta variante del Síndrome de Graham el sujeto sufre un traumatismo craneano, casi siempre en su adolescencia, que le afecta el sistema límbico.- Saco mi réplica en porcelana del cerebro humano y señalo con la lapicera.- Esto genera la aparición de tejido cicatrizal, el cual actúa desencadenando episodios similares a convulsiones en los cuales el pacientes experimenta la sensación de superioridad. Dependiendo la educación previa del sujeto, el cuadro presentará características definidas hacia determinados contextos: religioso, político, sexual, deportivo.
-Listo doctor, ya entendí.- La interrupción es brusca, casi torpe. Monseñor se levanta, los ojos inyectados. Estrecha mi mano, da media vuelta y se va. En la sala de espera está el Padre Minervino.
Me quedo un instante de pie. Después enciendo la computadora, Peter Gabriel 

en vivo. Vuelvo a colgar el diploma que dice que Juan Manuel Beltramo se 

recibió de psicólogo el veinte de diciembre de mil novecientos noventa y cinco. 

Doy vuelta la única foto que conservo del tiempo del Seminario. Yo estoy más 

gordo, Monseñor está casi igual.