jueves, 7 de julio de 2016

Como José

Hoy quiero ser como José, cuando decide que lo real es solamente lo que sale del lápiz que tiene en su mano derecha, y resolver en un trazo que el tiempo no es más que una fantasía de un viejo alemán con los pelos parados que nunca existió, porque es un dibujo de José.
Hoy quiero vivir en la fantasía de que solamente hayan sido los momentos que yo quiero que hayan sido. Los nacimientos, los mares, los ríos, las noches. Mi vieja enseñándome a leer, mi viejo contando una historia, la complicidad con  mi hermano. La Tata sacando un sabor de sus manos sabias. La tarde de 1989 en que supe quién iba a ser. El día de la última materia, el abrazo interminable con los otros abrazos y un diciembre eterno de 1995.
La primera cabeza asomando, el primer cuchillo hendiendo la primera piel. La primera noche heroica, la primera noche de sudor. Tu cara bajando del tren, una noche fría cerca del río. Juan entregando tu mano un mediodía de locro y humitas en una feria remota. Cada batalla que nos puso en este lado del mundo. Naza enroscado en su cordón. Naza enroscado en sus dudas. José y su llegada en una tarde de furia y sangre. José en su furia de artista. Juan en sus noches eternas. Juan en su regreso de plenitud a su andar.
Hoy quiero acordarme de los sabores, de los olores, de los tactos, de las canciones. De la textura del maíz, del espesor del trigo, de la harina sobre todo. De la papa y la masa y la carne y las frutas.
Hoy quiero acordarme de una ciudad al frente de otro país, de una infancia con río y caballos.

Hoy quiero ser como José, y dibujar el mundo como yo quiero que sea. 

viernes, 15 de enero de 2016

LA PACIENCIA SE ACABÓ

Vivimos en un sistema democrático en el cual podemos, cada dos años y mediante el voto, modificar la realidad política de nuestro país. Tuvimos que pagar una alto precio para llegar hasta acá, muchos quedaron en la memoria, mucha sangre se derramó, para usar una frase que ya es de todos.
Vivimos en un sistema democrático en el cual, de a poco y por las piedras, pudimos ver cómo gracias a la lucha de muchos, se fueron consagrando derechos fundamentales para las mayorías y, especialmente, para las minorías. Un camino que se inició hace ya treinta años con la sanción de la Ley de Divorcio, que pasó por los Derechos de los Niños y los Adolescentes para llegar finalmente, en estos últimos 13 años a la sanción de leyes que igualan derechos fundamentales para quienes estaban excluídos del sistema por ser pobres, por ser mujeres, por vivir su sexualidad de la forma que ellos y ellas hubieran elegido. Fue en este marco de consagración de derechos que se crearon los Programas de Salud Sexual y Reproductiva y de Educación Sexual Integral, los cuales estaban dirigidos a garantizar la Salud Sexual de aquellos más vulnerables, de aquellos que no tenían acceso a los métodos anticonceptivos o a la educación sexual o a la atención de sus intereses al respecto. Alguien dijo alguna vez que la salud no es para los secos. Estas leyes y estos programas venían a refutar esta afirmación con claridad, simpleza y hasta poesía. Basta con leer el texto, de una tremenda claridad conceptual y que no deja resquicios para interpretaciones torcidas o controversiales. La ley que permitía el acceso gratuito y universal a la Ligadura de Trompas/Vasectomía completó este cuadro. Cada uno de nosotros tenía la capacidad legal de decidir acerca de su vida sexual y reproductiva, capacidad garantizada por el Estado desde la educación primaria ya que no sólo de anticonceptivos venía la cuestión.
Hasta ahora.
Hace pocos días se publicó en el Boletín Oficial de la Nación un decreto rubricado por el Gerente General de la República, Ingeniero Mauricio Macri, en el cual se define la estructura del Ministerio de Salud de la Nación. En dicho decreto no se menciona al Programa de Salud Sexual y Reproductiva. No se lo nombra. No se habla de él. Se lo deroga por simple omisión lo cual representa toda una definición ideológica. Se condena a millones de personas a no recibir educación sexual, se bloquea el acceso a los métodos anticonceptivos, se castiga la sexualidad de los más pobres. Se interviene sobre los cuerpos de los más vulnerables de la peor manera posible: eliminando su autonomía, aniquilando su capacidad de decisión. En un país en el que algunos de los problemas a resolver en cuanto a Salud Sexual incluyen el embarazo adolescente, la mortalidad por complicaciones de abortos clandestinos y las enfermedades de transmisión sexual el Directorio a cargo del país nos deja sin herramientas, enfrentando a tanques de guerra con palos de escoba.
Este tipo de decisiones definen qué tipo de gobierno tenemos, por más que el CEO Macri diga que vino a desideologizar la región. Para quienes pregonan la política zen, para quienes sugerían esperar para ver qué pasaba llegan estos momentos, estas determinaciones. Acá no hay posibles ñoquis ni números a los que hacer decir lo que uno quiere. Acá no hay interpretaciones posibles. Acá una invasión brutal a la autonomía de las personas, al respeto de su capacidad para decidir sobre su vida, sobre su cuerpo, sobre su goce. Si los ideólogos de esto son tipos siniestros y retrógrados como Abel Albino, eso no lo podemos asegurar, pero todo hace pensar que así podría ser.
Quienes persistan en su defensa de esta administración (en el sentido estrictamente consorcial del término) me encontrarán siempre en la vereda opuesta, cada vez con mayor convicción.

Frente a estas realidades no hay neutralidades posibles.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

TAPITAS

Decir que vivimos tiempos decisivos es una redundancia no solamente si pensamos en nuestro país. En este mundo postglobalizado cada día es histórico, cada día nos plantea una disyuntiva. Cada día puede marcar el inicio de una nueva era. En el caso puntual de la Argentina, uno de esos días definitivos será, sin dudas, el 22 de noviembre.
Ese día será histórico por varias cuestiones: será la primera vez que se llevará a cabo una segunda vuelta para elegir presidente y es la primera vez que la derecha neoliberal puede llegar al poder limpiamente, en elecciones libres y sin distorsionar sus intenciones. Macri es lo que Menem hizo, pero el riojano llegó al gobierno con un discurso peronista que luego contradijo en todas sus variantes. El ingeniero intenta ahora, por una cuestión electoral, suavizar algunos de sus conceptos más duros, pero nadie que sea capaz de realizar un análisis más o menos completo de su trayectoria como empresario, dirigente de fútbol o alcalde puede dudar acerca de cuál será la orientación que tendrá su gestión. Por otro lado, Daniel Scioli llega a esta contienda de la mano de los doce años kirchneristas a nivel nacional, con ocho años de gestión propia en el principal distrito electoral del país, con un  perfil más nacional y popular. Basándonos en sus antecedentes también podremos avizorar qué tipo de presidencia vendrá si es él quien sume más porotos el domingo.
Cada voto que se emita el domingo vale lo mismo: uno. Un punto, un poroto, una raya en la pared. Ni más ni menos, y esto es lo más importante de la democracia. Poco hay más trascendente en la vida de una persona que la posibilidad de elegir quién gobernará. Una decisión que tendría que tener un nivel de trascendencia equivalente a la elección de la religión o de la orientación sexual, pero en diferentes planos. En lo personal, estos dos caminos pueden ser más o menos relevantes, pero en cuanto sociedad las leyes están por encima de las opciones personales y de tal manera deberíamos pensar el voto. Digo yo, pero la otra manera de interpretar la cuestión también es válida.
Y así llegamos al nudo del problema.
Desde dónde nos expresamos, en qué punto nos paramos al momento de elegir a nuestros representantes, qué nos motiva en esta circunstancia. Las elecciones marcan la actitud política de cada individuo frente a la realidad que le toca vivir. Y no existe la neutralidad. Incluso cuando alguien decide no concurrir al acto electoral está marcando una toma de posición. Y toda toma de posición es válida siempre que sea honesta. No existen votos correctos o incorrectos, útiles o inútiles, mejores o peores. Y la motivación de cada quién es absolutamente personal e intransferible. Y cada uno de nosotros vota por una motivación personal o por un interés personal. Nadie vive guacho de contexto. Tiene el mismo valor que alguien decida por el candidato que le aumentará el valor del dólar, lo cual resultará beneficioso para su negocio, o quien necesite la Asignación Universal por Hijo o quien lo hace por un concepto comunitario. Habrá también quién vote por repugnancia a quien gobierna, más allá de las propuestas del que se encuentra en frente.
Personalmente creo que, en esta oportunidad, se juegan dos conceptos con respecto a la sociedad en la que queremos vivir: el individualista y el comunitario.
Quienes voten desde lo individual elegirán un gobierno que privilegie sus intereses económicos y sociales, sus hábitos de consumo y su estándar personal sin meditar acerca de la manera en la que las políticas que se adopten pudieran afectar a aquellos que no cuenten con una base de sustentación que les permita sostenerse. Quienes tengan la opción de elegir entre la salud y la educación privadas y cuyos trabajos no dependan directamente del control estatal seguramente elegirán este camino. Quienes consideren que sus logros se han dado por fuera del contexto político del país también, así como quienes piensen que la excelencia es una cuestión permitida solamente a quienes se lo puedan pagar.
A la sombra de la otra pared se encuentran quienes piensan que lo comunitario es primordial, quienes piensan que el acceso a la salud y a la educación debería ser universal, quienes están dispuestos a perder algunos privilegios si esto será beneficioso para los más vulnerables.
La diferencia fundamental está dada por la manera en la que vemos al otro.
Podemos pensar en el otro como un igual que no ha tenido las mismas oportunidades de crecimiento personal, desde la educación primaria hasta la Universidad. Podemos pensar en el otro como sujeto de solidaridad y no como receptor de caridad. Cuando damos una tapita de plástico para ayudar a un Hospital como el Garrahan, desfinanciado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires estamos legitimando esa actitud de abandono por parte de quien debería sostener el sistema de salud, pero no solamente eso. Cuando nos quedamos en dar la tapita en realidad estamos dando el último residuo de nuestro consumo, la tapa de un envase que no se volverá a utilizar. Sin dudas que ese gesto ayuda, pero muchas veces se queda corto. Entre las tapitas y el barro hay un trecho importante, y nadie tiene la obligación de ensuciarse si no quiere. Pero nadie tiene el derecho de atacar a quienes lo hacen por su identificación partidaria. Queda en cada uno plantearse qué responsabilidad tiene para con su comunidad, y si decide o no asumirla. Pero esa es una cuestión para comentar en otro momento.

Nadie está obligado a interesarse por el otro en cuanto ser humano sujeto de derechos. Simplemente hay que hacerse cargo de las posturas que asumimos.

lunes, 15 de junio de 2015

EL SÍNDROME DE GRAHAM

-Dios es una farsa.-
El concepto es contundente no tanto por su contenido como por su emisor. Monseñor Cattáneo es corpulento, grueso, su humanidad toda irradia poder y autoridad. Ocupa por completo el sillón del paciente, del otro lado de mi escritorio. A pedido del Arzobispado la entrevista se lleva a cabo bajo el más estricto secreto.
-Usted comprenderá lo fundamental de mantener la discreción.-
-Por supuesto Padre Minervino, nadie sabrá que a su jefe le anda fallando algo.-
-No se haga el gracioso licenciado, con la salud de los grandes no se jode.-
El diálogo con el secretario del Obispo me deja cierto regusto a deja vu, a película de Nanni Moretti sobre los temores de un Papa recién elegido. No digo nada, la Iglesia no suele caracterizarse por su sentido del humor. El secreto es tan absoluto que me piden que retire los diplomas de las paredes de mi consultorio. Es la primera vez que estamos frente a frente. Yo lo conozco por los diarios, para él soy un psicólogo con excelentes referencias sin una identidad definida. Monseñor prefiere entrevistarse con la Psicología. Cualquier interacción humana implicaría un compromiso que no está dispuesto a asumir.
-¿Está seguro Monseñor?-
-Absolutamente, no hay manera que alguien con las características del Dios que hemos conocido durante tantos  milenios permita que un tipo como yo pueda acceder alguna vez a ser su representante inmediato en la Tierra. No puede ser Doctor…
-Licenciado.-
-Lo que sea.- contesta con desprecio no tanto por la interrupción como por el hecho de que solamente un doctor podría atenderlo. Cualquier otra posibilidad alteraría el orden natural.- Un Dios bondadoso no condice con la Historia de la Santa Madre Iglesia. Ni siquiera con ciertas partes de las Sagradas Escrituras. Hay capítulos enteros que solamente podrían haber sido escritos por un alucinado o por un demente.-
-Algo de eso hay, se dice que la Biblia fue dictada por Dios a los hombres.-
El Obispo no parece prestar atención a mis comentarios. Está totalmente abstraído en su propio discurso.
-La Biblia no fue escrita por “los hombres”. La Biblia fue escrita por ciertos Hombres Superiores. La historia fue escrita por los Mejores, doctor, porque para eso están. Y son ellos los que cargan con esa responsabilidad.-
Quiero interrumpirlo para preguntarle si Dios ha muerto, para seguir con la línea nietzcheana, pero algo en su mirada me detiene. No intento tampoco meter a Kipling en la conversación. La responsabilidad del hombre blanco.
-Le voy a contar una historia.- dice Monseñor.-Yo de chiquito no quería ser cura, quería ser rugbier. Puma. Empecé de muy pibe en las inferiores del San Isidro Club (en realidad dice SIC, como corresponde). Siempre fui robusto, así que a los ocho años me pusieron de segunda línea. Un segunda línea poderoso, no sé si me entiende doctor.-
No lo corrijo.
-A los quince me invitaron a entrenar con la selección. Mi sueño al alcance de la mano solamente por la potencia física, por el poder que la naturaleza me había dado. O Dios.
-Dios no existe Monseñor.
-Dios es una farsa doctor, pero existe. Tal vez sea más correcto decir que Dios es un farsante. La gran revelación llegó el día de mi primer partido oficial contra Uruguay, después de un choque que me dejó inconsciente. Cuando me recuperé dejé todo y entré al seminario. Dios tiene maneras extravagantes de demostrar su poder, o eso creí en esa ocasión. Mientras estuve desvanecido tuve lo que podríamos llamar una epifanía, el Señor me llamaba a sus filas porque estaba buscando a los mejores para salvar su Reino.
-Buscaba a los poderosos.-
-A los mejores. No es lo mismo. El poder a veces es asaltado por advenedizos, tipos rastreros y astutos, gente pecaminosa y soberbia que nos ataca para después esconderse otra vez en su madriguera. No se confunda doctor.-
-Licenciado.-
Monseñor no registra mi comentario.
-En el Seminario había un tipo así, rastrero.- Los sinónimos no parecen ser el fuerte del Obispo.- Un tal Bergero, Bernarte, no me acuerdo bien el apellido. No importa. Este sujeto era poderoso a su manera. No tenía capacidad de liderazgo, no era fuerte físicamente, no era un tipo carismático. Flaquito, de lentes.-
Mientras me saco los anteojos para limpiarlos miro a Monseñor que duda un instante. Sigue con la historia.
-Este tipo era poderoso.- El concepto lo domina.- Tenía la capacidad de someter al otro con la palabra, no sé si me entiende.-
-Lo entiendo.-
-Este sujeto tenía la formidable capacidad de detectar puntos débiles y explotarlos en su propio beneficio o para torturar a los demás.
-¿Los golpeaba?
-No le hacía falta. Tenía una gran capacidad dialéctica. Empezaba con un concepto abstracto, real o no, y llevaba el discurso de una manera sutil y feroz. No paraba hasta quebrar emocionalmente al contrincante. Hizo llorar a casi todos sus compañeros por el sólo placer de demostrar su poder. Hasta que tronó el escarmiento.
Se me ocurren otras referencias, cinco por uno, la juventud maravillosa, los imberbes, peronistas somos todos. En cambio pregunto.
-¿Lo denunciaron?
-No hacía falta, todos lo conocían. Algunos profesores inclusive lo apañaban. No. Le demostré quién era el mejor. Y por qué.
-¿Cómo se lo demostró? ¿Físicamente? ¿Sexualmente?
-No importa, cuando uno es mejor que otro cualquier método es lícito para dejar en claro la diferencia. El tipo aprendió, parece. Abandonó el Camino del Señor. Nunca más supe de él. Cuando tomé los votos me asignaron al Vicariato Castrense. Desde ahí todo fue crecimiento y progreso doctor. No creo necesario ni pertinente contarle a usted cada paso en mi carrera.
Me cuesta identificar la vida sacerdotal con el concepto de carrera. Monseñor sigue hablando doctoral, severo.
-La carrera de un hombre público no siempre es cristalina, doctor. Muchas veces debemos recurrir a conductas que  no deben hacerse públicas. A lo largo de mi vida he mentido, he traicionado, he sido cómplice en hechos aberrantes. Oculté asesinos, apañé a genocidas. Fui el soporte espiritual de gente muy poderosa. Pero bueno, los mejores debemos actuar como convenga a la situación. Ahora he sido nombrado Cardenal. El Cardenal más joven del orbe doctor. Y aquí viene mi pregunta. Si Dios nos ha hecho mejores por qué tenemos que actuar como actuamos para llegar a ocupar los lugares que nos han sido destinados naturalmente. Solamente un Dios farsante, un  Dios cínico permitiría tal cosa doctor. No sé si me explico.
-Se explica perfectamente Monseñor.- Me acomodo otra vez los anteojos, tomo aire.-El poder se construye pero la grandeza se hereda. O se adquiere, a veces de manera legítima, a veces por medios por lo menos discutibles. Hay, sin embargo, una tercera variante en la cual la grandeza no existe sino que se supone. O se cree. Este tipo de cuadro, forzosamente patológico, no es nuevo. Ya se lo encuentra descrito en las tablas babilónicas. Graham, un inglés que investigó el Código de Hammurabi dice que ya el Gran Rey hablaba de esto, de la “Grandeza Seudociésica”, haciendo una analogía con el falso embarazo.- Hago un silencio efectista.- No fue el único, pero fue el primero que habló del tema, por eso el cuadro se conoce como Síndrome de Graham.
Monseñor parece no entender, intenta decir algo. No lo dejo.
-En realidad después se comprobó que existen diferentes variedades del Síndrome según cuál sea el origen, o la etiología del mismo. Así, hay una variedad congénita que tendría que ver con la exposición por parte de la madre a tóxicos ambientales. Una segunda tendría que ver con ciertos virus que afectan al sistema nervioso central, típicos de Europa Central. Se cree que el caso más clásico de esta variante sería el de Adolf Hitler, bastante trágico por cierto. Una tercera variante es la que se conoce como psicopática o seudomística, que a su vez se puede producir de dos maneras: como psicosis propiamente dicha, y de estos tenemos lleno el santoral católico, y la postraumática.- Monseñor crispa las manos, aparece el odio en su mirada.- En esta variante del Síndrome de Graham el sujeto sufre un traumatismo craneano, casi siempre en su adolescencia, que le afecta el sistema límbico.- Saco mi réplica en porcelana del cerebro humano y señalo con la lapicera.- Esto genera la aparición de tejido cicatrizal, el cual actúa desencadenando episodios similares a convulsiones en los cuales el pacientes experimenta la sensación de superioridad. Dependiendo la educación previa del sujeto, el cuadro presentará características definidas hacia determinados contextos: religioso, político, sexual, deportivo.
-Listo doctor, ya entendí.- La interrupción es brusca, casi torpe. Monseñor se levanta, los ojos inyectados. Estrecha mi mano, da media vuelta y se va. En la sala de espera está el Padre Minervino.
Me quedo un instante de pie. Después enciendo la computadora, Peter Gabriel 

en vivo. Vuelvo a colgar el diploma que dice que Juan Manuel Beltramo se 

recibió de psicólogo el veinte de diciembre de mil novecientos noventa y cinco. 

Doy vuelta la única foto que conservo del tiempo del Seminario. Yo estoy más 

gordo, Monseñor está casi igual.

viernes, 31 de octubre de 2014

FACHOS DE FEISBUC

Kramer piensa.
El desafío es complejo dada la hora de la madrugada en la cual tal situación se presenta, las ocho de la mañana no es un momento especialmente diseñado para el análisis sutil pero bueno, es lo que hay.
Kramer escucha las noticias y piensa, analiza, contextualiza.
Kramer decide que ya ha encontrado su vocación.
“Cuando sea grande, yo quiero ser fascista”
No se asombren, las ocho de la madrugada son ásperas a veces.
Yo quiero ser fascista se dice Kramer, pero no un facho completo, de cabeza pelada, borcegos y camisa negra. No por lo menos con este calor. No.
Yo quiero ser un fascista de mensaje a la radio, un nazi de red social, un justiciero de feisbuc.
Kramer piensa.
Yo quiero ser uno de esos tipos que tienen todas las soluciones. O mejor, esos que tienen la misma solución para todo.
Piensa Kramer que en realidad lo que se ha logrado es la simplificación absoluta del mundo contemporáneo, la respuesta a todos los interrogantes antropológicos desde Levi Straus para acá.
El facho 2.0 entendió el modo, la manera. Si siempre es el otro el que tiene la culpa y ese otro no tiene solución posible dentro de su esquema moral natural (porque la naturaleza se guía por la moral, todos lo sabemos) ergo ese otro sobra. Por consiguiente es lícito eliminarlo.
No solamente es lícito sino que es casi obligatorio.
Entonces, si algo es obligatorio la responsabilidad no existe.
Y Kramer, desde chiquito, siempre quiso ser un irresponsable.
Kramer piensa.
Y se da cuente de que lo mejor de ser un facho de red social es la posibilidad de pedirle, casi ordenarle a otro que se encargue de negros, locos, putos, lesbianas, aborteras, divorciados, pobres y bomberos.
Una sola luz de alarma se prende en el cerebro de Kramer, y es el hecho de que el facho de tuiter no piensa que él podría ser alguna vez el otro de alguien. Y ahí nomas se da cuenta de que tal situación no se plantea, ya que el facho 2.0 ES alguien, por lo que nunca podría ser el otro.

Acto seguido Kramer se ata los cordones y sale al mundo.

domingo, 5 de octubre de 2014

CARLINA

Carlina mira por la ventanilla.
El paisaje es el mismo de hace unos meses, pero en sentido es opuesto. Segunda vez hacia el sur, otra vez la ruta de ida. O de regreso, porque Carlina ya no sabe
cuál es el punto de partida del viaje o de la historia. Ya no sabe cómo
diferenciar si el viaje determina la  historia, o si es al
revés.
Mira los postes de electricidad y de alambrado, el verde oscuro de la soja transgénica y tenaz. Si hubiera leído entendería la relación entre la
planta y el cáncer que se llevó a su viejita, pero Carlina apenas sabe firmar, sumar
y restar lo que le enseñaron cuando bajó a Buenos
Aires. Le dijeron que más no necesitaba, que saber mucho no es bueno ni
necesario.
Carlina era chica, apenas señorita, cuando la Señora pasó por el
pueblo y paró, con su marido y los chicos, en el comedor en el que trabajaba su
viejita. La piba atendía las mesas para sumar una moneda y a la Señora le gustó lo
educadita que era, lo limpita que parecía. Dicen que hubo plata de por medio,
nadie puede asegurarlo porque nadie vio nada, y a las diez de la noche del día siguiente Carlina se tomó el colectivo
. La Señora la esperaba en la Estación de Retiro. El auto
era grande, alemán, más cómodo que la pieza en la que ella dormía con sus
tres hermanas.
La casa estaba protegida por una pared gigantesca bien larga y bien alta, partida
al medio por una reja de hierro forjado, “artesanal”, decía la Señora, y a Carlina le
gustaba la palabra. Se acordaba del puesto de comidas a la orilla del río, allá en su
pueblo. Decía Chipá. Comidas caseras y cerveza artesanal, decía el cartel que
invitaba a pasar y sentarse. La reja, en cambio, no dejaba pasar a nadie, “Sirve para dejar
afuera a los extraños”, decía la Señora. A los negros y a los paraguayos decía el
Señor, y agregaba “a los paraguayos malos, no a los buenos como vos”. Carlina quería aclararle que ella era argentina como él, o como sus hijos, pero no se animaba. “Vos sos buena paraguayita” decía el Señor. “Gauchita” dirían después los hijos entre risas.
La pieza de Carlina había sido un depósito al fondo de la casa, cruzando el patio, “el jardín”, decía la Señora. Los perros se acostumbraron rápido a su presencia. En las conversaciones domésticas el depósito nunca fue la habitación de Carlina, todavía era el depósito o, como mucho, “La cueva de la paraguaya”, como le decía el Señor. Cuando los chicos crecieron pasó a ser “La cuevita del amor”. Con plata podés comprar muchas cosas, pero la creatividad y el buen gusto vienen o no. En fin.
Carlina nunca fue bonita pero era discreta, o callada, todo depende del contexto. Pero estaba a mano, así que los chicos sólo tuvieron que cruzar el jardín para debutar o para sacarse las ganas de ahí en adelante. Derecho de
pernada, dirían los libros; hijos de tigre, decía el Señor cuando se hablaba del tema en asados de hombres.
Por la ventanilla la noche se hace larga. Carlina vigila el asiento de la ventanilla; no se anima a dormir, tiene el sueño pesado y podría pasar cualquier cosa. Pero no, nada pasa y el viaje será normal, sin sobresaltos. La dejaron cambiar de asiento a uno doble desocupado, la ayudaron a subir, la dejaron pasar en las filas. Parece que todavía queda gente buena, o educada al menos. Como la Gallega, la doctora del Periférico de Beccar que la atendió las tres veces y las tres veces le explicó cómo cuidarse, pero no sabía que la Señora no la dejaba salir, y que por eso se tenía que escapar. 
O como el Doctor Alejandro, de la Maternidad, que la recibió las tres veces después de ponerse las pastillas que la Señora le conseguía de un amigo farmacéutico del Centro porque una cosa es un bebé querido y otra un polvo desafortunado, según decía el Señor. “¿Otra vez te caíste, Carlina? Otra vez che Doctor. Casa peligrosa esa Carlina. Es verdad che Doctor.” Tres veces había tenido ese diálogo y a la cuarta el Doctor Alejandro la ayudó a escaparse. “Volvete a tu pueblo y no vengas más por acá” le dijo. Hasta le había dado la plata para el pasaje.
Cuando la noche se termina, el colectivo se detiene en Panamericana y Thames. Carlina se baja con ayuda y mira hacia adelante, hacia el Centro. No necesita ir allá, esta vez nadie  la espera en la Estación de Retiro. Hace ya un año que se fue a su pueblo, donde ya nadie la esperaba. Su viejita se había muerto, de su padre nunca supo, sus hermanos se habían ido. 
Cómo sobrevivió no lo sabemos y tal vez no importe tanto. 
Le ofrecen un remís, no lo acepta, le preguntan si puede sola y dice que sí, que gracias, que va acá cerca nomás. No lleva mucha carga ni por mucho tiempo.
Cruza la Autopista, llega a la Avenida, encuentra la pared y la reja “artesanal”. De una de las molduras cuelga el bolso, abierto apenas para que el bebé respire. Está bien abrigado y en el colectivo ella le ha dado el pecho por última vez.
Con un alfiler de gancho fija la tarjeta que dice “Una cosa es un bebé querido y otra un polvo desafortunado”. 
Toca el timbre y se va.

miércoles, 1 de octubre de 2014

PLATO FRÍO

Bernardi siente la vibración del celular en el bolsillo de la camisa leñadora, mete la mano y lee: “Campbell está por salir para la plaza”. Apaga el teléfono. Si nada falla, habrá llegado el día. Entra a la portería del Edificio de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, donde trabaja y vive desde hace treinta años. Busca la funda en el ropero.
-¿A dónde vas?- la voz de Flavia llega desde el fondo de la siesta.
-A la terraza.
-¿A esta hora?
-Sí, tengo que arreglar la reja del tendedero.
Bernardi toma el ascensor. Podría ir por la escalera, ocho pisos no son un 
problema para él, pero hoy necesita estar lúcido.

En la planta baja del Colegio del Santísimo Sacramento Camilo se acomoda como siempre en el último inodoro del baño de la primaria, el último refugio que le queda para leer en el recreo largo. Espera que Juan Cruz y los rottweilers no
lo encuentren. 
De pronto la patada rompe el cerrojo, la hoja de madera golpea y quiebra la nariz de Camilo, que sangra.
-No llores puto de mierda- grita Manuel, el ladero de Juan Cruz.-Los hombres no
lloran.
Camilo cae y le patean la cabeza, las costillas, las piernas. Uno de los perros, no
distingue cuál, le pisa los anteojos. Lo levantan. Le hacen el submarino. Le rompen
la mano derecha con un borceguí que escapa al uniforme del Colegio. Ya no
podrá tocar la guitarra.
-Lástima- dice Juan Cruz- una pérdida para la música.
Los padres de Camilo intentan una tibia protesta. El Padre Rector les recuerda que
su hijo está becado y que parte de ese dinero llega, de seguro, gracias a las generosas
donaciones que llegan por parte del Doctor, que no vería con buenos ojos  una
sanción a su hijo por una travesura adolescente.
-Además, la imagen de la Institución, imagínese usted…
La madre pide, como compensación, que la Escuela o el Doctor se hagan cargo de
la curación de su hijo. Es un último recurso, casi una limosna.
-Veremos qué se puede hacer.- dice el cura.- Que dios los bendiga.

La mano derecha curó tarde y mal y Camilo dejó la música para siempre. Se hizo
zurdo a la fuerza, a duras penas terminó la secundaria. Quiso empezar una carrera
en la Universidad local, una ingeniería, un profesorado pero la muerte del padre terminó
de arruinarle el futuro y el presente. La madre hizo un brote psicótico, esquizofrenia o algo así y él tuvo que internarla en el Pabellón de Salud Mental del Hospital Carrasco.
Juan Cruz en cambio sí fue a la Facultad y tras recibirse de médico con honores se especializó en
Francia, en transplante de órganos. Cada uno de sus logros aparecía en el Diario local, propiedad
de la familia de uno de aquellos rottweilers del principio de la historia. Cuando volvió
al país dijo que era por nostalgia, nadie le creyó.

“El mundo es un lugar hostil para las almas sensibles” piensa Bernardi mientras se
acomoda los auriculares. Miles Davis, Kind of Blue. Busca el rincón de la terraza que
da justo al centro de la Plaza del General. Todavía no abre la funda, faltan unos
minutos.
Sabe que la rutina de Campbell es siempre la misma. Antes de una operación importante cruza la Plaza hasta el Hotel Fundador, saca un café de la máquina y se
sienta a tomarlo en el tercer banco a la derecha del monumento. Hoy no será la
excepción, no puede serlo. La cirugía de hoy, el primer transplante de hígado, es la más importante en la historia de la ciudad.
Bernardi abre el estuche, saca un rifle CZ 22 Magnum a cerrojo fabricado en
República Checa. El instructor del Club Tiro y Ciclismo le recomendó esa arma, dijo
que para lo que él necesitaba era suficiente.,
Apoyado en la baranda de la azotea se acomoda en posición de disparo, la mano izquierda firme, segura sobre el gatillo.
Educar esa mano fue difícil pero lo logró.
Camilo Bernardi respira hondo y apunta.
Juan Cruz Campbell no llega a comprender de dónde sale la bala que le destroza la

mano derecha.