miércoles, 14 de mayo de 2014

HISTORIA UNIVERSAL- CUATRO

Las malas lenguas dicen que Yamila Abdala era o había sido bruja allá en el Líbano, y que llegó a la Argentina escapando de ciertas Milicias por la Pureza Musulmana, agrupación cuya existencia nunca fue del todo demostrada. Jamás lo sabremos con certeza, conocemos la volatilidad de ciertas regiones. Quienes defienden la memoria de Yamila dicen que en realidad se trataba de la primera mujer alquimista en miles de años en Medio Oriente, lo cual es menos probable todavía porque ya la ciencia alquímica carecía de adherentes por lo menos en esa parte del mundo.
Lo cierto e irrefutable es que Yamila Abdala llegó a Buenos Aires acompañada por sus padres una fría mañana de principios del siglo anterior. La familia Abdala traía consigo una recomendación para hacerse cargo del Restaurante Sirio Libanés de Rosario, y hacia allá partió la familia.
Esta parte de la historia está prolijamente documentada, cualquiera puede llegarse a la Municipalidad de Rosario y verificar que la familia Abdala, con don Jorge y Doña Farah a la cabeza, fueron cita obligada en el centro de la Chicago argentina durante veinte años.
Otra duda se abate sobre la historia Yamila.
¿Por qué abandonó un negocio tan próspero? ¿Por qué eludió un futuro seguro apenas avanzada la adolescencia?
Más allá de toda especulación amorosa o espiritista la realidad (que es la única verdad) es que Yamila fue enviada por Don Jorge a recorrer el país en búsqueda de los ingredientes ideales para cocinar el keppe perfecto. El gran cocinero oriental tenía la certeza de que una tierra tan feraz como la que habitaba debía producir forzosamente las mejores materias primas.
Así que allá partió Yamila.
En la Patagonia encontraría el mejor cordero. La cebolla en San Juan. La yerba buena en la Mesopotamia.

Sería el centro del país, Ciudad Insaurralde, el lugar en el que Yamila encontraría el mejor trigo.

VARIACIONES SOBRE PENÉLOPE

2011
Es muy difícil contar una historia repetida, con muchas versiones.
Abelardo Castillo decía que nada es absolutamente original, y es así.
La primera de todas, la Penélope fundacional, fue cantada por Homero mientras esperaba a Ulises en un oscuro palacio de Ítaca.
La segunda, la del Nano, esperó a su amado con su bolsa de piel marrón, sus zapatitos de tacón y su vestido de domingo. Él volvió a la estación en la cual ella lo aguardaba, pero llegó tarde y viejo.
Hay, incluso, una tercera versión del relato. En ésta, Ismael Serrano nos cuenta de una Penélope que se harta de esperar al chabón, se va de su pueblo a orillas del mar y se termina curtiendo a un pendejo.
De todas las variantes de la historia la última es prácticamente desconocida, como desconocida es la que yo les voy a contar.
La historia de la Penélope de Ciudad Insaurralde.

La Penélope de Ciudad Insaurralde no se llama Penélope, se llama Nilda.
La Penélope de Ciudad Insaurralde no espera en la Estación, ni en Ítaca, ni en la playa.
Nilda espera, cada miércoles de nueve a diez de la noche, sentada a la mesa catorce de la Pizzería del Galeón.
Espera que él vuelva.
Nilda, al contrario de todas la Penélopes, sabe qué ha pasado con su esperado.
Muy bien lo sabe.

1960
Nilda (que todavía no es Penélope) se apronta. El espejo le devuelve la imagen que ella espera. Se peina, se acomoda el jopo como le enseñaron en la escuela de peluquería. Alguna vez tendrá su taller en la calle del Virrey, pero todavía no lo sabe. Suena el timbre. La Polaca, que tampoco sabe que alguna vez parirá a Kramer, pasa a buscarla. Van, como todos los sábados, al Club Deportivo y Motor de Ciudad Insaurralde. Se saben bellas, se saben deseadas. Se sienten invulnerables. Lo que Nilda desconoce es que esa noche de sábado es su noche definitiva, su noche fundamental. No lo sabrá hasta mucho tiempo después.
Llegan al Salón Principal, decorado de blanco. La Jazz suena de fondo. Todos los que tienen que estar están ahí. Todo está en su lugar. Conocedoras del terreno Nilda y la Polaca se dan cuenta del detalle extraño. Hay alguien que no conocen.
Lo miran.
Lo estudian.
Se dan cuenta de que él sólo tiene ojos para Nilda.
La Polaca se decepciona un poco. No imagina que todavía tendrá que esperar once años hasta que llegue Kramer padre, pero esto no aporta mucho a la historia que estamos contando.
2011
Nilda llega puntual a la mesa catorce de la Pizzería del Galeón. Se sienta. Pide una porción de pizza especial y una coca en botellita de vidrio, como cada miércoles a las nueve de la noche.
El bar ha cambiado. Hay un plasma, hay dicroicas. Los mozos son los mismos. Nilda acomoda la cartera al alcance de la mano derecha. Se rasca el antebrazo. Mira hacia la puerta de la esquina.

1960
Han bailado toda la noche. Si hubo algo más nadie lo supo. Nilda no lo contó, y a la Polaca ya es tarde para preguntarle.
Se despidieron.
Se citaron para el miércoles siguiente en la Pizzería del Galeón a la nueve de la noche en punto.
Se sentaron a la mesa catorce.
Ella pidió pizza, una porción de especial y una coca.
No sabemos qué hizo él. Probablemente no tenga importancia.
Al otro día él se tomó el colectivo para Córdoba. Se iba a estudiar. Quería ser ingeniero electromecánico. Quería triunfar, ser alguien. Trabajar en la Mercedes Benz.
Se miraron.
Él le prometió que volvería a buscarla a esa mesa catorce, un miércoles a las nueve de la noche.
Brindaron.

1964
Nilda ha ido, como prometió, a la Pizzería del Galeón. Esperó cada noche de miércoles, de nueve a diez, como prometió.
Él estudió, como dijo, Ingeniería Electromecánica. El aviso del Insaurraldense, el diario local, cuenta que se ha recibido con promedio sobresaliente, medalla y diploma de honor.
Alguien le cuenta que se va becado a Alemania. No le deja mensajes. No la llama.
Nilda ya perdió el sueño universitario. Empieza a armar la peluquería. La Polaca ya perdió también algunas esperanzas. Será maestra. Es la primera clienta en entrar al local. Se miran. Se abrazan. No lloran.
El avión parte de Ezeiza. Destino Munich.

1970
Miércoles nueve de la noche. Nilda pide su pizza y su coca en la mesa catorce. La calle se llena de gente. La puerta de la esquina no se abre. La Polaca entra por el costado del bar.
-Hola.
-Hola.
-Me contaron que se casa.
-Sí, sabía.
-¿Qué vas a hacer?
-¿Qué querés que haga?
-No sé.
Nilda sí sabe. A partir de esa noche la espera tiene otra textura.

Interregno
A partir de este punto la historia se aplana. El narrador quisiera, para enriquecer el relato, hacer una descripción de la época. Redundancias de estilo. No hace falta. El tiempo de Nilda y su Ulises fue el tiempo de tantos otros. Sería ocioso contar una historia que ya tuvo grandes cronistas. Nuestra Penélope no tuvo miles de pretendientes instalados en su casa de la calle del Virrey ni un Telémaco vengativo y paciente. Tampoco un banco de pino verde. Apenas un matrimonio convencional, bueno o malo como el de cualquiera. Dos hijos, la nena y el varón. La peluquería. Como Penélope, Nilda tuvo su pretendiente. Como Penélope, Nilda se sentaba a esperar. No en la estación. Frente a la mesa catorce de la Pizzería del Galeón, los miércoles a las nueve de la noche. De él tampoco hay mucho que contar. Por lo menos algo que justifique el relato. Existe la tentación de mezclar historias de militancia, de resistencia armada, de violencia y de muerte, torturas o delaciones. No las hubo. Él no llegó muy lejos en la Mercedes. Con el tiempo volvió al país, pero se quedó en Buenos Aires. Cada tanto volvía a su pueblo para visitar a sus padres. Venía con su mujer holandesa y sus tres hijas, hasta que se divorció y ellas se volvieron a Europa.
Si se cruzaron no hubo eventos de relieve. Tal vez un saludo al pasar. Gente educada. Los que se tenían que ir se fueron, antes o después.

2011
Él vino a Ciudad Insaurralde a liquidar la herencia familiar. La madre ha muerto a los noventa, el padre vegeta casi centenario en el Hogar Carrasco. Entra a la Pizzería del Galeón sin nostalgia. Hace rato que los recuerdos vienen de otra parte. Ni siquiera dirige la mirada hacia la mesa catorce. Para él es un miércoles más a las nueve de la noche. Se sienta de frente al ventanal que da a la calle Beltrán.
Nilda respira hondo tres veces mientras saca la pistola de la cartera. Empuña y apunta a la nuca del hombre, como le ha explicado el instructor.

jueves, 8 de mayo de 2014

HISTORIA UNIVERSAL- TRES

El poeta ucraniano Isaac Kramer decía que el alemán es el ídish sin los violines. Cuando se le preguntaba entonces qué era el ídish respondía que éste era el ruso sin los garrotazos.
Isaac enseñaba en una escuela en Odessa para mantener a su mujer y sus siete niños. “La necesidad es un cosaco con síndrome de abstinencia” se lamentaba risueño en las sobremesas de la cena de los jueves, mientras brindaba a la salud del Zar Nicolás. “Que Dios le dé larga vida y muchos hijos.”
Parece que Dios estaba ocupado en otras cuestiones. O apoyaba al bando contrario, porque los cosacos se dedicaban a pasar por la casa de Isaac en cada pogrom para recordarle su origen, y sobre todo para remarcarle que el Zar era el heredero del Señor. Cuando usaron la Torah para iniciar el incendio de su casa el vate decidió que ya estaba bien, que mejor Norteamérica.
No pudo ser.
Para familias numerosas solamente Sud América le dijeron.
Sarita le hizo cara fea.
“En Brasil se come solamente arroz” dijo Sarita. “En Méjico solamente hay indios”
“En Buenos Aires hay una colectividad enorme, tienen templo de la Calle Libertad para ir y otro en Camargo para no ir, y dicen que hay un lugar que se llama Miramar que es la playa que mana leche y miel” dijo Isaac.
Allá fueron.
Nunca se supo bien si fue un error, un problema idiomático o una estafa.
Los Kramer nunca llegaron a establecerse en Buenos Aires, por lo menos en esa generación.
El caso es que terminaron viviendo en Entre Ríos, donde Isaac fundó una escuela hebrea y siguió escribiendo poesía mientras Sarita cultivaba la huerta y criaba por igual y con el mismo rigor hijos y animales. Dice la leyenda que la mujer se propuso hacer difícil la vida del poeta. Dicen también que si a éste le hubiera importado el carácter de su compañera sin duda habría sufrido bastante. Parece que no fue así.
Cierto día se encontraba alambrado de por medio comentando los avatares de la política mundial con su vecino el ruso Wendychansky cuando su hijo Jonas se acercó para avisarle que Sarita tenía el puchero listo hacía media hora y ya se estaba poniendo cabrera (así dijo). “La casualidad es la madre de los refranes” pensaba Kramer. En este caso la casualidad hizo que al mismo tiempo y con un mensaje similar se asomara Rebeca, la hija mayor del vecino en cuestión. Miles de veces se habían visto, vivían uno al lado del otro. Pero ese día fue diferente.
Un mes después estaba todo listo (casamentera, dote y demás).
Dos meses después estaban casados.
Un año después nacía el primer Salomón Antonio Kramer que en este mundo fue. Llegó al mundo de culo, y no es una metáfora. Vino de culo en una áspera noche de junio y solamente la pericia de la María logró que ese harapo azul y fláccido pegara el primer grito, el primigenio alarido de la segunda generación de la estirpe. Dicen que la secuela fue la total destrucción de su capacidad comercial. Puede ser. Nunca se dejó evaluar al respecto. Su íntimo amigo el siquiatra rafaelino Judas Krause dijo alguna vez que no hacía falta.
Así que Kramer, el primero de varios hermanos, no pudo nunca realizarse económicamente hasta que se ganó la grande después de seguir el mismo número durante 17 años.

domingo, 27 de abril de 2014

HISTORIA UNIVERSAL- DOS


Stephan Gomilka, el gran antropólogo polaco sostenía, contrariamente al paradigma científico que todavía hoy persiste, que el cuerpo humano no había evolucionado como arma de cacería sino que lo había hecho como herramienta para la fuga. Esta sustitución del concepto de depredador por el de ser en actitud de huída no cayó muy bien en los círculos académicos de la Europa Central del momento, donde encontraban tierra fértil las teorías acerca de la supremacía aria con los resultados por todos conocidos.
Pensaba Gomilka que el gran motor de la evolución no había sido la furia o la solidaridad sino la paranoia. “Si el primer humanoide se bajó del árbol los hizo para escapar de la compañía de sus semejantes. Si se paró sobre sus extremidades traseras fue para otear el horizonte intentando detectar el origen de una posible agresión” comentó el pensador eslavo en una conferencia en el Círculo Evolucionista de Cracovia. “Si más adelante los primeros grupos protohumanos abandonaron las selvas tropicales para llegar a sitios tan inhóspitos como las tundras europeas fue porque estos eriales ofrecían la certeza de observar fácilmente la llegada del enemigo.”
Creía Gomilka que las primitivas organizaciones sociales obedecían a una deformación gregaria del primer instinto: el del escape. Así, las primeras urbanizaciones surgieron por el miedo común a un rival más poderoso. De ahí a proponer el retorno a un tipo de “sociedad presocial” había un trecho muy corto. Dicen sus seguidores que éste era el eje de la teoría gomilkiana, el preanarquismo y el fundamento de la anarcoantropología. Por supuesto, la resistencia de Gomilka a plasmar por escrito sus pensamientos por considerar a la escritura un paso posterior a la sociedad que él proponía nos ha privado de conocer sus propuestas a través de un medio diferente a la transmisión oral.
Las teorías de Stephan no cayeron nada bien en un país profundamente católico como Polonia, por lo que Gomilka debió exiliarse primero en Rusia y más tarde en Italia, refugiado por un grupo de ácratas piamonteses. Esta asociación sería determinante en su futuro. Los detractores de la anarcoantropología dicen que en realidad Gomilka se escapó por no poder afrontar deudas de juego o tras haber preñado a la hija de un jefe militar muy pesado. Nada de esto ha podido demostrarse.
La realidad (la única verdad) es que Gomilka cruzó el Atlántico junto con los piamonteses en algún momento de la década del treinta.
Los primeros meses de destierro los pasó en el Gran Buenos Aires, por la zona de San Fernando. No lo soportó. Buscó la llanura, una tundra similar a la de su Polonia natal. Lo más parecido que pudo encontrar fue la Pampa Gringa, una llanura inmensa y triste, en la que podría demostrar su teoría de una manera que no permitiera contradicciones.
La primera intención de Gomilka fue vivir de la caza y de la pesca, pero la colonización llevada a cabo casi cincuenta años antes había terminado con la posibilidad de llevar adelante una vida silvestre como la que él proponía. Uno de los italianos sugirió sostener el proyecto con un emprendimiento comercial. Fue así que el polaco y los piamonteses, respondiendo a una tradición anarquista fuertemente arraigada en las grandes ciudades, fundaron la que sería la primera panadería de Ciudad Insaurralde.

Vidala del fondo herido

En El amor en los tiempos del cólera Gabriel García Márquez dice algo así como que empezamos a envejecer cuando nos vemos parecidos a nuestro padre. La cita no es textual ni pretende pecar de oportunista.
Más allá de cuestiones de herencia o de repetición yo creo que empezamos a envejecer cuando nos descubrimos limitados y frágiles. Cuando situaciones que anteriormente aparecían como lejanas o ajenas comienzan a tocarnos el hombro o, en mi caso, el culo. Cuando descubrimos que podemos fallar en cuerpo y mente, o cuando una fragilidad de la segunda lleva a dudar de la integridad del primero. De más está decir que muchas veces perjudica en mayor grado la duda que la certeza, y que siempre es mejor el diagnóstico que la posibilidad.
Debido a una de estas situaciones de duda acerca de la cual no voy a explayarme en demasía pero que implica a un señor con un caño bastante largo y grueso y la pérdida de ciertas virginidades es que dejo estas líneas para expresar mi justo agradecimiento a quienes me acompañaron en este momento áspero.
A la Dra. Muñoz, la Euge, que me calmó bastante en el primer momento de furia.
Al Gran Nachi Pico, siquiatra y amigo que supo contener la cabeza desbordada y darme sus gualichos.
Al Dr. Peralta, el Gran Pimpe, alquimista superior del reino.
Al Dr. Dellagiustina, con quien nos une la amistad de nuestros padres.
A la inigualable Negra Romero que se cagó en todas mis dudas y temores y me metió de prepo en la lista para que se hiciera el estudio antes que fuera indicado casi.
A la Nati que me sacó la sangre un fin de semana de furia en el Hospital.
Al Dr. Herrera, defensor de las terapias alternativas en Cardiología.
A las chicas de Admisión, enfermeras y administrativas que siempre me hacen la vida más fácil.
A la Alcira por supuesto.
A los que no sabían nada y se bancaron mi mal humor de estos últimos días.
A los amigos tremendos que siempre están: Marcelo Musso, Gustavo Stilman, Damián Grimberg, Ezequiel López.
A los que se enteraron con el diario del lunes pero que estuvieron ahí: mi hermanazo el Julito Kohan, la Fer, el Toto y el Rojo. También un abrazo para el Agustín.
En resumen, a los que se alegraron porque todo salió bien y también para los que no se alegraron, parece que tengo pa un rato.
Y gracias a mi compañera que está ahí con su calma inalterable, que me banca hace ya 14 años, que me baja a tierra, que me sostiene en las buenas pero sobre todo en las peludas.
Y gracias a los pelones, Juan Naza y José. Todo esto es por ellos.

Ah, salió todo bien.

domingo, 6 de abril de 2014

HISTORIA UNIVERSAL- UNO

Yamandú Cardona, el gran semiólogo uruguayo, decía en su Monumental Obra “Lectura y comprensión. El arte de domesticar botijas” (Edición del autor, Paysandú, 1945) que el mayor mérito de un narrador es convencer al público lector u oyente acerca de la indudable veracidad de sus historias. Sostenía el pensador oriental que tal situación solamente se logra luego de horas y horas de entrenamiento, dedicación, sudor y esfuerzo. El agregado de sustancias estimulantes no agregaría mayores beneficios para el intelectual cisplatino.
La temprana muerte de Cardona a manos de la Mafia Yerbatera de Montevideo nos ha privado de conocer más profundamente su pensamiento.
Por otro lado en el controvertido libro intitulado “Neurología y creación- Las bases orgánicas del arte” (Ediciones Rega, Ciencia y Esoterismo; Copiapó, 2001) el neurocirujano y escultor chileno Patricio Sepúlveda construye una teoría según la cual el talento no sería totalmente innato sino que estaría sustentado por una conformación neuronal que, si bien determinada genéticamente, se vería también influenciada por el entrenamiento diario y constante. El hecho de que tales afirmaciones ya fueran conocidas hacía décadas no amilanó al galeno trasandino, que resistió con estoicismo las acusaciones de fraude, plagio y perpetración de la escultura.
Más acá en el tiempo encontramos una publicación que nos permite echar luz sobre la motivación que ha llevado al autor de estas páginas a iniciar su escritura. Se trata del artículo intitulado “La memoria como función sexual”, (Anales de la Asociación Sicostática del Centro de Santa Fe) del siquiatra rafaelino Judas Krause, en el que se plantea que la capacidad mnésica del hombre occidental es directamente proporcional a su desempeño sexual. Para Krause el hombre nacería con un número predeterminado de células germinativas, las cuales se deteriorarían con el paso del tiempo. Esto permitiría no solamente explicar el declive mental asociado a las etapas preseniles, sino también el famoso adagio que conecta la amnesia con las prácticas autoeróticas tan difundidas entre los adolescentes.
Es a la vista de tan sólidos fundamentos teóricos y ante el más que evidente declive de mis funciones intelectuales es que he decidido iniciar el relato de la Historia de mi familia tal y como la recuerdo.
No pretendo ser original. Ya lo dijo el gran escritor cordobés José Playo: no se trata de inventar nada, sino de copiar con la mayor calidad posible.
No pretendo ser fiel a los hechos. Ya lo dijo Juan Andrés Beltrán Insaurralde: La historia es un verso mal rimado.
No pretendo ser veraz. Ya lo dijo Stephan Gomilka, antropólogo polaco: la certeza es la jactancia de los hipócritas.

lunes, 3 de marzo de 2014

Ley Kramer

El 1 de marzo pasado tuvimos la suerte de asistir a una nueva Asamblea Parlamentaria, en ocasión del inicio de un nuevo período de sesiones legislativas. Digo suerte porque no tengo en este momento otra palabra que defina más adecuadamente a lo que es un triunfo de la democracia, una victoria que nos corresponde a todos como pueblo, como Nación, como comunidad. Brindemos por ello.
No me voy a poner a analizar lo que dijo la Presidenta. Ya lo han hecho cabezas más potentes que la mía, desde un lado y del otro del espectro ideológico. Algunas ideas más espectrales que otras, pero no es ese el tema del que quiero ocuparme.
No.
Hubo ausencias en la Asamblea.
Gente que no fue.
Lilita Carrió no fue porque prefirió irse de turista a los carnavales. Y bueh, por lo menos está buscando al pueblo en alguna parte. Por ahí tiene suerte y lo encuentra.
Pino Solanas no fue porque según él “no estaban dadas las condiciones” para asistir al Congreso. Además dijo que tenía miedo a las agresiones de los militantes o las chicanas de la Presidenta
A ver.
Garantías les faltaban a los militantes que arriesgaban el cuero para pasar clandestinamente las películas de Solanas durante los años de plomo. Honremos a la historia, honremos a los que pusieron el cuerpo.
Por otra parte, en un país en el cual cualquiera puede decir las barbaridades más tremendas en los medios masivos de comunicación, hay que tener los huevos de bancarse la respuesta. Juego con revancha no es pa calientes.
Y entonces llegamos al meollo de la cuestión.
Al eje.
Al centro.
Un legislador no puede no ir al Congreso. O al Concejo. O a la instancia legislativa en la que se desempeñe.
Según la Constitución Nacional el pueblo no delibera ni gobierna, sino que lo hace a través de sus representantes. Representantes que son votados en Elecciones libre y democráticas desde hace ya 30 años, con una continuidad y una limpieza que no reconocen antecedentes en los 200 años de historia del país como Nación Independiente. Representantes que cobran jugosas dietas y adicionales y que, justamente, representan a quienes los han votado.
Entonces, y a consecuencia de tal representación, estos señores y señoras no pueden traicionar a sus representados, traición que se manifiesta de dos maneras: no cumpliendo con sus tareas específicas y cambiando de partido o de lealtad en mitad de un mandato (síndrome de Solá Bullrich Moyano)
El caso particular de quien habiendo sido votado para cumplir determinada función abandona la misma para presentarse nuevamente a elecciones aspirando a otro cargo es diferente, ya que el candidato se somete nuevamente al veredicto de la voluntad popular que será quien defina la situación del mismo. Más allá de la opinión personal, la situación es diferente.
Ante esta situación, quisiera proponer que se tenga en cuenta la posibilidad de presentar un Proyecto de Ley de Responsabilidad Legislativa. Ante la imposibilidad de acceder directamente a quienes ejercen cargos en los diferentes poderes Legislativos lo hago a través de este medio, con la esperanza de que llegue a quienes puedan darle curso en el caso de que la iniciativa se considere viable.
Básicamente, los puntos a considerar en el Proyecto serían:
1)     Asistencia a sesiones: los legisladores deberían asistir al máximo posible de sesiones de las respectivas cámaras y/o concejos. Quien faltare al cumplimiento de sus deberes sufrirá el descuento proporcional al número de inasistencias en su remuneración. Quien faltare al 50 % o más de las sesiones no podrá presentarse a elecciones en el turno electoral siguiente. Obviamente, esto no incluye ausencias justificadas por cuestiones personales, adecuadamente justificadas.
2)     Presentación de Proyectos de Ley: cada legislador deberá presentar un número mínimo de Proyecto de Ley a determinar. Pero proyectos de verdad, ojo.
3)     Lealtad a los votantes: quien dejara de compartir los lineamientos de la plataforma del sector por el que haya sido elegido deberá renunciar a su cargo. No se admitirán migraciones a otros bloques partidarios (prevención del panquequismo)
De más está decir que no pretendo reconocimiento personal por esta idea.
Si a alguien se le ocurriera presentar un proyecto en esta línea, agradecería que se citara la fuente. Solamente me gustaría, por vanidad personal, que se nombrara a la ley como Ley Kramer.

Desde ya muchas gracias.